Soñadores

No sé a dónde voy, pero voy con la duda.

Una historia sobre soltar la oficina, abrazar la duda y coronar por pura terquedad.

Mar Páramo Diaz7 de mayo de 2026
No sé a dónde voy, pero voy con la duda.

Al iniciar este proyecto, mi espíritu de ventera —ese que heredé de mi abuela— estaba un poco dormido. Yo sabía que era buena para vender; mis casi cuatro años en el local 285 del Palacio Nacional, en el centro de Medellín, me lo confirmaban a diario. Pero en el 2021, el año en que "me embaracé" de Mera Percha, no estaba tan convencida de que esto fuera a ser, primero, un negocio real, y segundo, el detonante de la crisis más rara de mis veintes.

En resumen, la crisis es esta: decidir vivir sí o sí de la ropa y soltar la vida de oficina que me sostuvo cómodamente durante siete años. Y aquí es donde aparece la duda, esa fiel y a veces estresante compañera que llegó para instalarse y parece no tener intenciones de irse en un buen tiempo.

Los procesos —artísticos, personales e incluso empresariales— siempre me han parecido un viaje; de esos que uno arranca solo con el pasaje y las ganas. Me recuerda a mi época de barrista: esa entrega absoluta, visceral, donde lo único que importa es el aguante y en mi caso, ver perder al Medallo. Emprender con ropa de segunda ha sido mi propio "viajecito" divertido, pero ahora lo veo con más seriedad. Y no es porque esté a punto de aterrizar en el tercer piso, sino porque el llamado de lo que verdaderamente me hace feliz es hoy un ruido tan intenso que ya no puedo ignorar.

En este camino he sentido ganas de abortar a este baby que es Mera Percha. Pero luego lo miro y entiendo que ya no es un bebé; está entrando en esa adolescencia rebelde y definitiva que todos atravesamos. Es ahí donde pongo mi atención. Alguien a quien quiero mucho dice siempre que "no hay terco que no corone", y finalmente eso es lo que quiero ser: terca, decidida y un poco obstinada con mis planes y mis sentires. Aunque la perra duda me alcance, quiero tener la capacidad de mirarla de frente y decirle: "bueno, vamos a ver quién se cansa primero".

Este año está siendo raro, lindo a ratos y bastante abrazador. Escribo esto porque en la vida lo que no se habla nos lleva al fondo, y no estoy dispuesta a tocarlo una vez más, no por ahora.

Finalmente a los proyectos, como a los amigos, hay que tratarlos con suavidad y ternura, pero también con determinación. Me tomo este espacio porque el negocio es mío, la vida es mía y el tiempo también. Pero te dejo a vos la invitación: escribí, hablá y ponete a crear más de lo que consumís. Caminá con la duda detrás, al lado o incluso al frente, pero caminá. No esperés el final; solo disfrutate el camino.

Con amor, Una CEO en apuros.

Comparte este artículo